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viernes, 19 de octubre de 2012

Entrenar la inteligencia: ¿Es posible?



Durante muchos años se pensó que la inteligencia era una capacidad innata, algo más o menos parecido a un don que se poseía o no. No se contemplaba la posibilidad de desarrollarla. Sin embargo, en los últimos tiempos se han realizado diferentes investigaciones que demuestran que la inteligencia, como cualquier otra capacidad, se puede desarrollar.

De hecho, desde hace algún tiempo, la Psicología ha dejado de apostar por la Inteligencia como una categoría única y hace referencia a la Inteligencia Fluida y a la Inteligencia Cristalizada, esta última implica toda la información que hemos almacenado a lo largo del tiempo y el cómo hacemos uso de las habilidades y destrezas que hemos aprendido.

Se conoce que la inteligencia cristalizada normalmente crece en la misma medida que envejecemos mientras que la inteligencia fluida llega a su punto de máximo esplendor durante la edad universitaria y después va disminuyendo gradualmente.

Sin embargo, un estudio realizado en el 2008 en la Universidad de Maryland se apreció que las personas que fueron sometidas a un entrenamiento muy sencillo basado en un juego por ordenador, mostraban una mejoría sustancial en su capacidad cognitiva, exactamente, en la inteligencia fluida: la capacidad para resolver problemas nuevos, para aprender, razonar, ver las conexiones y para llegar al fondo de las cosas.

Obviamente, no han faltado los detractores que continúan afirmando que la inteligencia fluida no se puede desarrollar a lo largo de la vida. Estos psicólogos aducen que en la misma medida en que envejecemos, apostamos cada vez más por las soluciones que ya nos han resultado útiles en el pasado puesto que no tendemos a buscar nuevas alternativas. A la misma vez, el conocimiento del mundo y sus relaciones lógicas, actúa como una barrera que nos impide ver nuevas conexiones entre las cosas.

Sin embargo, lo cierto es que si hacemos de la curiosidad un modo de vida, tendremos grandes probabilidades de encontrar nuevas relaciones entre las cosas, ser más creativos y, por ende, aumentará nuestra inteligencia fluida. En realidad para entrenar la inteligencia no necesitamos juegos de Nintendo especiales ni un coach que nos supervise sino tan solo tener la motivación y encontrar una manera divertida para hacerlo.


Fuente:
Jaeggi, S. M. et. Al. (2008) Improving Fluid Intelligence With Training on Working Memory. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America; 105(19): 6829–6833.

martes, 16 de octubre de 2012

¿Somos más inteligentes que nuestros padres y menos inteligentes que nuestros hijos?




¿Somos más inteligentes que nuestros padres y menos inteligentes que nuestros hijos?
La buena noticia es que nuestros hijos serán más listos que nosotros.
La mala es que cuando nuestros hijos descubran lo mismo, también tendrán razón.

¿Nuestro cerebro no ha crecido?
El cerebro del hombre de las cavernas y el del moderno hombre pesan lo mismo. Nuestros “circuitos cerebrales”  no ha mejorado en tantísimos  años.

¿Qué ha pasado?
Lo que ha pasado es que cada nueva generación es más capaz en razonamiento abstracto (medido con el test de Raven) y matemáticas (medido con el test Wechsler). Comparando las puntuaciones de los jóvenes de ahora con las de los jóvenes de hace treinta años, y encontramos diferencias significativas.

¿Cómo hemos llegado a esto?
Todos sabemos que en los países civilizados nuestros jóvenes son cada vez más altos. Tenemos mejor salud y alimentación de más calidad y abundante (salvaguardando la crisis). Es de suponer que nuestro cerebro también se beneficia.
Especulamos entonces, que nuestra cultura es ahora más compleja que nunca. El grado de escolarización es más elevado; y además estamos inmersos en una cultura increíblemente compleja y diversa, en donde exportamos e importamos información continuamente y a toda velocidad. Nunca habíamos tenido tanta información sobre el mundo tan al alcance de la mano.
Y por último, está el pequeño detalle de que en nuestra vida moderna no paramos de resolver nuevos problemas. Aprendemos a manejar un móvil, se nos rompe, aprendemos otro distinto, y luego otro... pasamos de la bici a la moto y al coche, desciframos los planos de metro, autobús y tren de ciudades distintas porque cada vez viajamos más y desde más jóvenes, los ordenadores no dejan de cambiar, oímos idiomas distintos, continuamente llegan nuevas tecnologías que nos fuerzan a aprender nuevas formas de hacer las cosas cada día.
Lo cierto es que la vida moderna nos obliga a entrenar nuestra inteligencia continuamente.

Entonces, ¿somos más listos o no?

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