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domingo, 3 de febrero de 2013

Lo que los adolescentes esperan escuchar

Publico este artículo extraído de la página web del centro Familia de Santiago de Compostela (España), con el permiso de Pilar Gómez-Ulla, psicoterapeuta del centro. Podeís encontrar más artículos suyos en su página web:http://www.centrodepsicologia.org.
Redactado por el Lic: Marc Giner.



 A veces, intentar comunicarse con un adolescente en crisis es una de las tareas más difíciles.

Cinco mensajes que quieren oír ¿Los pronunciamos alguna vez?

¿De qué hablamos con nuestro hijo adolescente? Quizá, lo primero que se nos venga a la cabeza sean los gritos a causa de las notas o porque el fin de semana ha llegado más tarde de lo habitual a casa. A veces, intentar comunicarse con un adolescente en crisis es una de las tareas más difíciles.

Si nos descuidamos, nuestra relación puede reducirse peligrosamente a reconvenciones y críticas...

Y, sin embargo, nuestro hijo tiene unas necesidades especiales de comunicación: espera que tomemos la iniciativa.
A lo largo de las siguientes páginas describiremos en detalle los cinco mensajes que la mayoría de los adolescentes - nuestro hijo también - están deseando oír de nuestros labios. Sus necesidades especiales de comunicación requieren de nuestra parte una postura más activa.


ORGULLO
MENSAJE PRIMERO: "Estoy orgulloso de ti".
Con esta frase tan simple, ayudamos a construir la autoestima de nuestro hijo. Es probable que se la digamos cuando consigue algún éxito, pero un adolescente la necesita especialmente cuando falla. Estamos orgullosos de él porque es nuestro hijo... y no hacen falta más motivos. Y, sin embargo, muchos adolescentes de hoy en día pueden no tener la suerte de escuchar este mensaje a menudo.
Deberíamos estar orgullosos de nuestro hijo y reconocerle por lo que es y por los esfuerzos sinceros que hace por mejorar, sin compararle con otros y sin establecer metas arbitrarias como sacar todo sobresaliente, por ejemplo. Sentirse orgulloso de un hijo no debería de los puntos anotados en un partido de baloncesto, por ejemplo, ni de las notas conseguidas.

Puede que resulte difícil estar orgulloso de un hijo cuando toma decisiones equivocadas o cuando falla. Sin embargo, nunca, nunca, debemos permitir que se esfume el cariño. Cuando falle, no diremos: "no llegarás nunca a ninguna parte". Un simple descuido y cuatro o cinco palabras pueden llegar a herirle profundamente. En nuestro hijo adolescente hacen el efecto de: "estoy disgustado contigo como ser humano".


AQUÍ ESTOY
MENSAJE SEGUNDO.
"Puedes acudir a mi para que te haga falta; siempre estaré aquí para escucharte".
Un adolescente da mucha importancia a poder acudir a sus padres cuando existen problemas; aunque exista rebeldía, en los momentos difíciles necesita tener una seguridad: "mis padres están ahí". Sin embargo, si no le prestamos atención cuando lo está pasando mal, le estaremos dando una buena razón para que se las apañe por sí solo y busque consejo y ayuda en otros lugares.

Hay que escucharles, sin querer hablar y pontificar continuamente. Así, dejamos claro a nuestro hijo que: "Eres importante para mi", "me preocupo de las cosas en las que tú estás interesado", "me gusta escuchar tus ideas y opiniones". Escuchar con atención también estimula el deseo de hablar de los hijos. Se construye un ambiente de respeto y afecto mutuo.


COMPRENSIÓN
MENSAJE TERCERO: "Quiero comprenderte"
A veces, es frustrante ser padre. Continuamente oyendo los prejuicios de los quinceañeros que afirman que somos una generación antigua y que no les comprendemos... No hay duda; es difícil comunicarse con los adolescentes.
Muchas veces, cuando nuestro hijo nos acusa de que no le comprendemos es tan sólo una manera de defenderse.

Confunde "no comprender" con "no estar de acuerdo", por lo que no hemos de dejar que nos manipule. Si nos acusa de que no le comprendemos, hemos de decir a nuestro hijo que nos ayude: "Quiero comprenderte, cuéntame más, que sientes...".
Si tenemos la sospecha de que lo único que ocurre es que simplemente no estamos de acuerdo con él, podemos repetir lo que nos dice, sus argumentos, sus ideas, hasta que se dé por satisfecho y entonces: "Ves que comprendo lo que quieres decir y por qué; si no es así, quiero llegar a comprenderlo. Pero me parece que nuestro problema no es de falta de comprensión sino de falta de acuerdo".

CONFIANZA
MENSAJE CUARTO: "Confío en ti".
Contar con la confianza de sus padres es importante para un adolescente. "Lo más dañino que me han dicho mis padres en mi vida fue que nunca podrían volver a confiar en mí".
Nuestro hijo necesita que le digamos que nuestra confianza en él se desarrollará gradualmente en la medida que adquiera nuevos conocimientos y experiencias en esas situaciones que requieran la confianza. No podemos pretender que nuestro hijo de quince años conduzca un coche - aparte de que es ilegal - porque no tiene la experiencia necesaria que nos permita confiar en su buen juicio.

Pero hay otra razón por la que nos cuesta tanto a los padres confiar en nuestros hijos. Nos conocemos bien a nosotros mismos y, seguramente, hemos experimentado de primera mano todos los riesgos, situaciones y peligros de esta etapa. Sabemos qué fácil es ceder a las presiones del ambiente cuando no se está preparado. Esto nos previene de dar a nuestros hijos una confianza sin límites.
De hecho, no estaríamos haciendo bien nuestro trabajo de padres si permitimos que nuestros hijos se encuentren en situaciones donde el grado de riesgo es más elevado que su nivel de madurez.


CARIÑO
MENSAJE QUINTO: "Te quiero".
A veces, podemos perder muchas oportunidades de expresar amor y cariño - y de recibirlo - sólo porque no nos lo hemos propuestos como un objetivo consciente. Y, sin embargo, es el mensaje más importante que chicos y chicas quieren oír de sus padres.

El amor es el ingrediente esencial de una familia sana. Un "te quiero", dicho en voz alta y a menudo, nos ayuda a saber quiénes somos y por qué hemos nacido. Cuando un adolescente no está seguro del amor de sus padres, los otros cuatro mensajes anteriores no significan nada. Necesitan que le digan que les quieren y que se lo demuestren. ¿Cómo pueden estar seguros de que les quieren si nunca se lo han dicho? ¿Cómo pueden estar seguros si sus padres nunca pasan el tiempo con él?

La manera de demostrar el amor a un hijo se deletrea con estas letras: T - I - E - M - P - O. Darle regalos, proveerle de comida y ropa, mostrarle cariño de otras maneras está bien, pero también hay que estar dispuesto a perder tiempo con nuestro hijo adolescente: ir de pesca, ir de tiendas juntos...
Relacionarse, comunicarse, cuesta trabajo. Esto ocurre en el matrimonio, en la amistad... y en la relación entre padres e hijos. Con un adolescente cuesta más, porque crece y gana más independencia constantemente, y por eso puede llegar a frustrarnos. No dejemos que ocurra en nuestra familia.


PARA PENSAR

- ¿Habéis dicho alguna vez a vuestro hijo: "Hijo, ¿sabes que estoy orgulloso de ti, y no me importa nada más?" La palabra orgullo en este contexto se relaciona cercanamente con la de amor. Así, vuestro hijo sabrá que queréis decirle que estáis felices porque él es vuestro hijo.

- Cuando mejoréis vuestro modo de escuchar, vuestro hijo también aprenderá a escuchar mejor. Imaginad el impacto positivo que tendrá en la calidad de la conversación en vuestro hogar.

- Vuestro hijo adolescente necesita abrir una cuenta personal de autoestima basada en lo que es como persona, no por sus actuaciones diarias. Así, cuando falle, puede retirar de esa cuenta la cantidad necesaria. Si no tiene ese reconocimiento, puede acudir a lugares equivocados en su busca.

- No se trata de decir: "Comprendo exactamente cómo te sientes". Suena a querer desmarcarse de sus sentimientos y querer buscar una solución rápida al problema.

- Existe el peligro de poner un nivel demasiado alto a los hijos. Si los adolescentes llegan a creer que necesitan sacar todo sobresalientes para que sus padres les acepten, pueden deducir que a sus padres sólo les importa los éxitos... no las personas. Y así, como resultado, no intentarán hacer lo mejor que puedan.

- Es importante que le ayudéis a tener esta distinción clara en la cabeza: se puede aceptar a la persona aunque no se apruebe el comportamiento. Estáis orgullosos de él, porque en vuestro hijo, pero no de lo que ha hecho, dejándole claro que vuestro enfado se refiere sólo a sus acciones, no a él como persona.


... Y ACTUAR

Podemos ser tan despistados, ocupados en tantas cosas intrascendentes, que nos olvidemos de las necesidades comunicativas de nuestros hijos. Si disponemos de una agenda de trabajo, o un calendario que veamos todos los días, podemos hacer alguna señal para recordar: "Ojo, en esta semana no he hablado con mi hijo ni una sola vez".

miércoles, 9 de enero de 2013

¿Llevar a cabo buenas acciones aumenta la fuerza de voluntad?




El comienzo de cada nuevo año suele ser el momento elegido para adoptar hábitos más saludables, emprender nuevos proyectos o proponerse nuevos objetivos profesionales y personales. Y para todo ello hace falta una buena dosis de fuerza de voluntad. Científicos de la Universidad de Harvard demostraron recientemente que llevar a cabo acciones que consideramos moralmente "buenas" aumenta tanto la voluntad como la resistencia física. 

Según Kurt Gray, coautor del estudio, se debe a que solemos considerar que las personas que hacen el bien son “más eficaces, tienen más autocontrol y son menos sensibles a las incomodidades”. Cuando nosotros mismos hacemos algo positivo por los demás, cambia el modo de percibirnos y nos sentimos más capaces de ejercer el autocontrol. “Gandhi o la Madre Teresa de Calcuta no tenían una fuerza de voluntad especial, pero la desarrollaron ayudando a otras personas”, sugiere Gray, que llama a este efecto la “transformación moral”. “Quizás la mejor manera de resistirse a un donut es donar el dinero que cuesta a una causa justa”, propone el investigador. Sus conclusiones fueron publicadas en la revista Social Psychological and Personality Science. 

Redactado por: Lic. Elena Sanz

Cuando tus manos hablan por ti




La comunicación extraverbal y todos los gestos que la acompañan a veces son más interesantes que el discurso mismo. Normalmente un discurso viene acompañado de numerosos gestos, son movimientos que hacemos sin darnos cuenta y que nos sirven para enfatizar nuestras palabras. Por supuesto, el problema comienza cuando las palabras no coinciden con los gestos, entonces las personas podrían descubrir que estás mintiendo.


Lo cierto es que cada uno de nosotros poseemos la habilidad de descifrar el lenguaje corporal. Lo hacemos de manera inconsciente. Es gracias a esta decodificación que un chico se acerca a una joven para invitarla a bailar o a tomar una copa. El chico ha captado algunas señales de apertura y decide lanzarse. Claro, hay quienes son más hábiles interpretando estos signos extraverbales y otros necesitan señales más evidentes.

En esta ocasión me referiré a las manos, uno de los grandes aliados de los buenos oradores. De hecho, si miras vídeos de los grandes presidentes, te darás cuenta que las manos eran un arma preciosa. Y es que si no las utilizas en tu discurso, las personas pueden percibir indiferencia, que no te interesa el tema sobre el que estás hablando. Gesticular, en su justa medida, indica pasión y refuerza el discurso. De la misma forma, si mantienes escondidas las manos, las personas tendrán problemas para confiar en lo que estás diciendo.

Así, le echaremos un vistazo a los principales movimientos de las manos y su significado universal.

1. Las manos abiertas con las palmas hacia arriba, en un ángulo de aproximadamente 45 grados, indican que la persona está siendo abierta y sincera en su discurso.

2. Las manos abiertas con las palmas hacia abajo indican que la persona está convencida de lo que dice (que no significa que sea verdad porque podemos creernos una mentira).

3. Las manos abiertas, con las palmas enfrentadas es un gesto que suelen usar los expertos, cuando hablan de una materia en la cual se sienten muy seguros.

Por supuesto, existen muchísimos otros gestos, algunos de ellos no siempre acompañan el discurso. Por ejemplo, cuando se juntan las yemas de los dedos casi siempre indican concentración mientras que las manos pegadas a la parte inferior del cuerpo son señal de inseguridad. Al contrario, colocar una mano sobre la otra, indica confianza en sí mismo.

Otro detalle muy interesante sobre las manos nos indica que normalmente solemos esconder las palmas. Por eso, cuando veas que una persona suele mostrarte las palmas de las manos con frecuencia, esto indicará que se siente cómoda y confiada a tu lado.

Por otra parte, tan importante como el significado del gesto es la sincronización del mismo con las palabras que se pronuncian. Cuando se utiliza un gesto falso, con el objetivo de recalcar un discurso, casi siempre el gesto aparece después de las palabras y dura mucho más que un gesto espontáneo. Los movimientos corporales espontáneos suelen estar en perfecta sintonía con el discurso y duran apenas unos segundos.

Por ende, un puñetazo en la mesa después de una frase intimidatoria, no indica realmente una ira profunda sino el deseo de intimidar a los otros. Son dos cosas diferentes.

Sin embargo, recuerda que la clave para aprender a descifrar la comunicación no verbal no está en aprender el significado de miles de gestos sino en saber leer todos los gestos en su contexto.


Escrito por: Lic Jennifer Delgado

domingo, 23 de diciembre de 2012

El malhumor y el estrés

Descargar estres.jpg (37,0 KB)

Los malhumorados son personas que siempre están enojadas; que contestan mal aunque los traten bien, que elevan la voz cuando los contrarían, que desequilibran con su actitud a los que están tranquilos, que insultan a otros conductores cuando circulan con su auto y que se pelean por cualquier cosa.


Tienen mala onda y son pesimistas porque perciben el mundo como un lugar amenazante e inseguro.

Esa manera de ser puede tener un motivo oculto, que inclusive ellos mismos ignoran. Puede ser una herida narcisista, un gran dolor, una gran frustración o un enorme resentimiento que el paso de los años no logra curar.

Los malhumorados no pueden soportar las agresiones ni los rechazos y con esa actitud iracunda y hosca evitan el acercamiento y la eventual oportunidad de ser nuevamente heridos.

Viven a la defensiva porque creen que es la única forma de que los respeten; evitan las emociones, son incapaces de demostrar afecto y siempre tienen mala cara.

Se aferran a las rutinas para sentirse contenidos porque se dan cuenta que se van quedando solos, ya que cualquier relación es malograda por su permanente mal estado de ánimo.

Sin embargo, pueden ser personas que no siempre hayan sido malhumorados, que podían estar contentos, ser entusiastas, sensibles y sociables hasta que por alguna razón un día se convirtieron en seres amargados, tristes, negativos, irritables y desconsiderados.

Esta grave falla de carácter puede exponer a esas personas a enfermedades, porque en el fondo han perdido las ganas de vivir y la capacidad de ser felices.

No es raro que en cualquier momento puedan sufrir un ataque cardiaco, ya que el malhumor permanente, el alto grado de irritabilidad y las reacciones violentas, producen estrés, que es un importante factor de riesgo para enfermarse.

En primer lugar necesitan tomar conciencia que su forma de ser no es normal, que puede malograr las relaciones con su familia, sus compañeros de trabajo, o con sus empleados o clientes.

Si logran darse cuenta que necesitan ayuda psicológica y aceptan hacer una psicoterapia, su malhumor puede revertirse y permitirle comenzar una nueva vida volviendo a ser como antes.

Los viejos rencores sin elaborar emocionalmente pueden ser la causa profunda de estas fallas de carácter, pero también la poca tolerancia a la frustración y la incapacidad para aceptar las pérdidas.

El mal humor no sólo expresa enojo sino también depresión y tristeza.

El enojo es un mecanismo de defensa que surge ante la privación y se refuerza con las experiencias de frustración cotidianas, cuando fracasa el cumplimiento de las expectativas; y es probable que el malhumorado no haya podido adaptarse a situaciones difíciles y proyecte en los demás su rabia.

La tarea del psicólogo es indagar desde cuándo comenzó esa conducta para encontrar la causa de ese descontento, porque puede tratarse de personas que han tenido que asumir responsabilidades que los obligaron a renunciar a sus propios anhelos.

Algunos, ante los sentimientos de frustración adoptan conductas autodestructivas y odian a todo el mundo a su alrededor por estar haciendo algo que no desean, deprimiéndose por haber perdido el sentido de su vida pero sin poder hacer nada para remediarlo.

El cambio siempre dependerá de ellos mismos ya que nunca es tarde para realizarse como persona individual y única; pero estos pacientes necesitan apoyo para poder comenzar a encarar la vida de otra forma, porque están convencidos que sus problemas no tienen solución y sin embargo, siempre hay una salida. Porque cuando cambiamos, también cambia todo a nuestro alrededor, creándose las condiciones necesarias para que ese cambio comience a dar sus frutos.

La mejor forma de cambiar este mal estado de ánimo es incorporar a la vida sensaciones de bienestar, tanto físicas como mentales, emocionales, sociales y espirituales.

Fuente:”La salud emocional” y “Por qué nos enfermamos”, Lic. Alicia López Blanco.

Egolatría


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La egolatría es un sentimiento muy ligado a la sobrevaloración de las cualidades de uno mismo y a la firme creencia de estar por encima de todos y cada uno del resto de los mortales…


La egolatría es puro egoísmo, y nos incita a creer que los demás no prodrían arreglárselas sin nosotros: el ególatra no ve más allá de sí mismo… se cree un genio capaz de llevar a buen puerto cualquier proyecto que se proponga… ya sea convertirse en un actor irresistible, un artista divino o un militar invencible…

Los egocéntricos presentan actitudes y conductas arrogantes, imperiosas, pedantes y altaneras

Quien profesa la egolatría practica un culto, una adoración y un amor excesivo de sí mismo. En psicología, el egocentrismo es una exaltación de la propia personalidad, auto-considerándose como centro de la atención de los demás. El egocéntrico o la egocéntrica, atiende desmedidamente sus propios intereses antes que ocuparse de terceros, si es que lo hace.

El problema fundamental que sufren los ególatras es que miran la realidad a través del cristal de la propia “infalibilidad”. Para ellos, los demás deben aceptar sus puntos de vista y generalmente no aceptan estar equivocados. Tienen una marcada tendencia a menospreciar a las personas y son hipercríticos de quien piense o actúe diferente a su forma de comportarse. Sus opiniones y sus intereses son lo más importante en la vida y todos los seres que le rodean deben supeditarse a ellos.

Más que personas provistas de una necesaria y adecuada autoestima, los egocéntricos manifiestan una exagera grandiosidad y pretenden considerarse  admirados al menos, cuando no adulados. Esta circunstancia los hace vulnerables, porque los aduladores pronto se dan cuenta que una forma de manipular a los ególatras es sugiriéndole ideas como si fueran sus propios pensamientos.

Pensando que nunca pifian y siempre tienen  la razón, no son aptos para profundas reflexiones y no escuchan lo que se les dice o advierte. Por ello, cometen graves errores a lo largo de su vida y poco a poco, de grandilocuentes se van quedando solitarios, conviviendo con su propia “grandeza” y algunas fantasías de supuestos éxitos, de poder o de excepcionalidad.

En las relaciones personales, los egocéntricos o egocéntricas se comportan como aprovechadores. Sus cónyuges, hijos y entornos íntimos deben subyugar sus proyectos de vidas a ellos. Igual ocurre en el ámbito laboral, siempre usarán a los demás para alcanzar sus propósitos.

Cuando cometen evidentes faltas o un traspié, no lo reconocerán y ante los comentarios dirán que los envidian. Así construirán una “realidad” de perfección donde los otros tendrán la culpa de sus desatinos.

Al ser “especiales” y “únicos” presentan actitudes y conductas arrogantes, imperiosas, pedantes y altaneras.

La terapia conductual en grupo es una alternativa para estos casos porque les permite reconocer los problemas de otros y coadyuvar en su solución. Además comienzan a escuchar a las personas en lugar de hablar todo el tiempo de sí mismos. La dificultad radica en que el egocéntrico o la egocéntrica en muy contadas ocasiones aceptarán acudir por ayuda porque quienes se lo propongan. nunca tendrán la razón.


Escrito por
Lcda. Yuri Henríquez

domingo, 16 de diciembre de 2012

Paruresis: El miedo a orinar


Probablemente nunca hayas escuchado la palabra paruresis pero quizás en algún momento has sido víctima de este problema, más conocido popularmente como el síndrome de la vejiga tímida o como retención urinaria psicogénica, en los círculos científicos . Si bien las estadísticas no son del todo certeras ya que no todas las personas que lo sufren acuden al especialista, se estima que en los EUA uno cada diez hombres padece de paruresis. Recientemente la Asociación Internacional de Pauresis brindó algunas cifras aproximativas en las cuales alrededor del 7% de las personas a nivel mundial (aproximadamente 17 millones) sufriría este trastorno.

El término paruresis fue acuñado en la década del ’50 por Williams y Degenhart cuando a partir de una encuesta realizada a un total de 1 419 estudiantes descubrieron que el 14.4% de ellos había experimentado dificultades al orinar de forma puntual o continua.

Pero… ¿en qué consiste la paruresis?

Es un tipo de fobia social (si bien debe puntualizarse que esta categoría no es aceptada por todos los especialistas) donde la persona es incapaz de orinar si siente que está siendo observada por otros, ya sea real o no y aunque también afecta a las féminas, es mucho más común entre los hombres. Vale aclarar que si bien es “normal” presentar episodios aislados de ansiedad al orinar cuando otras personas están mirando, la paruresis va más allá de una simple vergüenza o embarazo para convertirse en un verdadero miedo a la exposición llegando en ocasiones a convertirse en una obsesión que les permite orinar solamente en su hogar, y a veces solo a través del uso de un catéter.

La forma más común de lidiar con la paruresis es evitar los baños públicos, retener la orina o no ingerir líquidos cuando no se puede acceder al baño propio. No obstante, en los casos más severos las personas se niegan a moverse más allá de las cercanías de su hogar e incluso rechazan el contacto íntimo o las relaciones de pareja pues la sola idea de que alguien los escuche les resulta insoportable.

Normalmente este trastorno inicia en la adolescencia pero también puede hacer su aparición en cualquier edad. Algunos especialistas abogan por la existencia de un trauma relacionado o acaecido en los baños públicos, de forma que la próxima vez que la persona va al baño, anticipa o revive la experiencia negativa y confronta la dificultad para relajarse y poder orinar. Esta incapacidad para orinar va generando cierto grado de tensión que a la larga crea un círculo vicioso del cual es difícil salir.

No obstante, lo cierto es que la causa de la pauresis continua siendo un misterio; si bien existen algunas evidencias de que el trastorno podría ser hereditario.

Algunos especialistas han llegado a asilar ciertas características de personalidad como: la no asertividad, la elevada sensibilidad ante la opinión de los otros y la sensación de ser inadecuados.

¿Cuáles son los síntomas de la paruresis?

En los casos más graves de paruresis las personas sufren una gran ansiedad, palpitaciones cardiacas, sudoraciones, temblores, mareos e incluso desmayos. Como síntomas secundarios pueden citarse la vergüenza, la humillación, el aislamiento y la depresión.

¿Cómo se trata la paruresis?

Inicialmente las personas que sufren de paruresis visitan al urólogo en la búsqueda de algún problema fisiológico pero posteriormente deben someterse a tratamiento psicológico. Como es de suponer, dentro de las terapias psicológicas para tratar la paruresis la exposición gradual es aquella que ofrece mejores resultados, como en la mayoría de las fobias. En otras palabras, se entrena a la persona para que sea capaz de exponerse gradualmente a los baños públicos controlando su ansiedad hasta que pueda manejarla del todo.

No obstante, también se utiliza la terapia medicamentosa y la hipnosis; si bien debido a las pocas investigaciones existentes sobre esta patología, no puede hablarse de un tratamiento más eficiente en comparación con los otros.


Fuente:
Kessler, R.C.; Stein, M.B. & Berglund, P. (1998) Social phobia subtypes in the national comorbidity survey.American Journal of Psychiatry; 155: 613-619.

sábado, 15 de diciembre de 2012

La Psicología de las Fotos: ¿Cómo incide en nuestras decisiones?


Son muchos los factores del entorno que afectan nuestro comportamiento y ni siquiera nos percatamos de ellos. Por ejemplo, curiosas investigaciones han demostrado que un maletín, en lugar de una mochila, en una mesa, hace que las personas se comporten de manera más competitiva. Un póster con un par de ojos observándonos incita a las personas a usar la caja de honestidad. Una imagen donde se muestra una muñeca aumenta las probabilidades de que los niños pequeños ayuden a las personas adultas a recoger el desorden. Y la lista continúa…


Ahora Mark Rubin, investigador de la Universidad de Newcastle, ha añadido un nuevo ejemplo a los determinantes “inconscientes” de nuestro comportamiento. En su estudio demuestra que las imágenes en compañía no sólo incrementan las posibilidades de brindar ayuda sino también de solicitarla.

Más de un centenar de estudiantes indicaron su tendencia general a buscar ayuda o, al contrario, a hacer las cosas por su cuenta. A continuación se les mostró una fotografía de dos personas de pie que caminaban lado a lado por un pasillo (un hombre y una mujer o una mujer y un niño) y se les pidió que imaginasen por un momento que eran la mujer en la imagen que aparece a la izquierda o el niño, en la imagen que aparece a la derecha.


Luego se le realizaron nuevamente una serie de preguntas a los participantes donde se valoraba su tendencia a brindar ayuda o a solicitarla para completar un informe semestral que (hipotéticamente) les solicitaba la escuela. Y resulto que la sutil diferencia de si las personas tenían o no la mano tomada fue trascendental.

Los participantes que habían visto la foto en la que las dos personas estaban tomadas de la mano eran mucho más propensos a buscar y brindar ayuda, en comparación con quienes habían visto la otra foto.

Obviamente, el experimento deberá repetirse con una muestra mayor y en diferentes entornos pero los resultados son muy interesantes ya que indican que las señales de afiliación tan sencillas como una fotografía, pueden incentivar una conducta pro-social. Sin lugar a dudas un resultado muy relevante para una simple foto.


Fuente:
Rubin, M. (2011) Social affiliation cues prime help-seeking intentions. Canadian Journal of Behavioural Science; 43 (2): 138-141.

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